24/11/16

Sociedad opresora


El sueño de hoy ha tenido que ver en dos etapas la primera etapa tenía que ver que vivía en una sociedad donde las mujeres al llegar a los 12 años se celebraba, una vez al año, un evento llamado: el estás preparada para procrear o no.
Me encuentro en una reunión de mujeres y niñas hacia en el crecimiento de mujer en el que están en ese evento de decidir si quieren procrear o no. Este evento lo que significa a nivel de esta sociedad quiere decir que si la niña decide procrear podrá ser casada con un hombre al que la familia le interese a cambio de dinero. Y si por el contrario decide no procrear esta mujer se destinará a funciones importantes para la sociedad.
El caso es que estoy delante de todas estas mujeres y empiezo a ver cómo las niñas de 12, 13, 15 o 18 años empiezan a decir su decisión sobre procrear o no. Había de todo, de las que si querían procrear y de las que no querían procrear. Se respetaba las decisiones.
Y sin embargo, muchas de las niñas para ellas era un orgullo procrear. Mi tristeza me invadía completamente. No podía comprender como a una niña se le podía permitir el tomar una decisión aún a tan temprana edad. A una edad de la que todavía su inmadurez le invade. En consecuencia a la toma de decisión en este evento los padres enseguida acuerdan el matrimonio con aquellos que aporten mayor cantidad de dinero y entonces de inmediato cuando ya se ha hecho el trato y el intercambio del dinero la niña-mujer se puede marchar con esta persona que acaba de comprar.
Se la lleva a su casa y allí su destinación o su destino es procrear.
La niña realmente no está ni preparada ni tenía ni idea de lo que iba a ser la procreación. Esta parte no se la habían contando como sería.
Se ve que yo era como una salvadora o más bien como una observadora de la situación porque me encuentro a las niñas que se han ido a procrear con sus maridos (o compradores). Y cuando están en plena violación(porque resulta que la niña se ve forzada a la procreación sin mediar amor por medio ni consentimiento), porque la sensación que me dio a mí era de violación. La niña tenía la cara de terror al tener que hacer esta actuación.
Con lo cual cuando acababa de procrear con su marido es cuando intentaba huir por su propia iniciativa y supervivencia. Y ahí es cuando yo entraba actuar, actuaba para poder facilitarles una vía de escape fácil y a un lugar de donde no se podía volver; a un lugar donde la niña no iba a procrear nunca más y tampoco iba a poder pertenecer a su antigua sociedad.
Quizás represente una realidad que vivimos en algunas sociedades o quizás simplemente es el terror que me aborda a mí cuando una niña que no está preparada, una niña que se le ha convencido de lo que debería ser y cómo debería de actuar, acaba por ocurrir algo que no está en su propia voluntad y se da cuenta.
A diferencia de mis sueños que ha podido ser salvadas esa niña con cara de terror, hay algunas niñas que han creído que deben de ser sometidas. Las familias deberíamos de estar concienciadas de generar una autoestima elevada en estas niñas y hacerles creer que la fuerza no debe de sobrepasar a su voluntad. El maltrato, la violación, el obligar a la niña o a la mujer a cometer actos sexuales sin su propio consentimiento debería de poderse otorgar desde su niñez para que valoren esta parte suya tan íntima y poderla potenciar desde el placer hacia aquellas personas que se quieren compartir este espacio.
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