1/6/11

"LA DESTRUCTIVIDAD HUMANA"

Reflexiones sobre las guerras. Diario Vasco.

No existe especie en el reino animal con mayor poder de auto-hetero destructividad que la humana. Desde el comienzo de las civilizaciones el potencial para desarrollar la Crueldad ha ido “in-crescendo” vertiginosamente hasta nuestros días y no existen indicios de cambio.

¿Por qué tanto sufrimiento, injusticia social, tanto daño a la vida y a la Naturaleza? ¿Qué vive internamente el ser humano que le lleva a cometer tantos desmanes, tantas violaciones del funcionamiento natural? ¿De dónde surge tanto anhelo y abuso de poder, tanta humillación ejercida por un ser humano sobre otro, por una nación sobre otra, por un continente sobre otro?

Hoy es Madrid, ayer y hoy Irak, Palestina, Colombia, Guatemala y un largo e ininterrumpido etc. ¿Qué se pretende compensar, qué lagunas y carencias tan profundas se pretenden ignorar y negar, jugando a someter, a torturar, a aplastar a otros iguales, como si la vida fuera un teatro? Detrás de los abusos de poder, de los conflictos bélicos, de la destructividad mundial, hay un niño/a pequeño que sigue vivo en nuestro interior, reclamando AMOR, y respeto. Elementales, pero habitualmente, grandes ausentes.

La infancia, es la base primera y esencial de la futura personalidad adulta. ¿Estuvieron presentes emocionalmente nuestros padres en nuestra niñez?. ¿Nos trataron con respeto? ¿Utilizaron la fuerza y los castigos humillantes para hacernos obedecer?. ¿Lo repetimos con nuestros hijos y alumnos? ESTA y no otra es la clave y explicación de tanto odio acumulado en los adultos. El desprecio, la falta de solidaridad hacia pueblos enteros que sufren día a día arbitrariamente, viendo vulnerados sus derechos elementales, sólo se explica desde la indiferencia y la resignación aprendida lentamente desde pequeños: “No puedo cambiar ni luchar contra la injusticia que me infringen los adultos con su omnipotente autoridad. Ni tampoco impedir su frialdad emocional y falta de empatía”

La frustración de la necesidad irrenunciable del amor en la 1ª infancia y más tarde en la adolescencia y madurez, es causa primera (además de evidentes factores socio-políticos y económicos ) de tanto odio destructivo transmitido de forma intergeneracional de padres a hijos . Y no conoce fronteras culturales ni políticas.

La falta del reconocimiento de las necesidades primarias durante la infancia, genera sentimientos de impotencia, resentimiento y un gran anhelo de poder. Pero también sometimiento, inseguridad y debilidad yoica para afrontar las situaciones adversas de la vida. Desde ahí, el camino al fanatismo, al binomio liderazgo-masas, se abre y la irracionalidad encuentra su máxima expresión de colores trágicos.

No se trata de dolernos solamente cuando ocurre una tragedia. Se trata de fomentar la PREVENCIÓN DE ACTITUDES DESTRUCTIVAS, sea en la Familia (maltrato a la mujer o hijos), o en cada pueblo y lugar de todo el planeta.

Porque no sólo son destructivos los atentados terroristas, sino también las GUERRAS (Irak, etc) por muy lejos o cerca que se den de nuestra propia casa. De hecho, las guerras representan el FRACASO de nuestra capacidad de diálogo, justicia y solidaridad y cuestiona nuestra propia Humanidad.

¿Hasta cuándo habremos de esperar, para empezar la transformación profunda social, para poner fin al sufrimiento que nuestra propia actuación irracional genera?

Sólo desde un corazón solidario y una mente lúcida podremos entre TODOS impedir que nuestro planeta naufrague en el sufrimiento estéril de millones de inocentes aplastados por la irracionalidad. Sólo con una comprensión profunda de la responsabilidad común en la danza de la vida, podremos ser protagonistas directos de nuestra propia Historia.

Porque las generaciones actuales y venideras no merecen recibir legado alguno de tanto sufrimiento estéril. Es nuestra responsabilidad, como profesionales, padres, educadores y políticos, evitarlo.

Yolanda González

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