19/2/13

Sobre Supernanny (1ª parte)


Desde hace varios años veo esporádicamente algún episodio de Supernanny, el “reality-show” televisivo de “reeducación conductista”, capitaneado por la psicóloga Rocío Ramos-Paúl. De una temporada a otra nada cambia. Programa tras programa podemos observar el mismo esquema: una pareja desesperada por ciertas actitudes de sus hijos pide ayuda como último y desesperado recurso a la psicóloga de la televisión. La experta se pone en marcha y en un pis pas, y sin problemas de aparcamiento, aparece en la puerta de la casa con una ristra de normas que en apenas 45 minutos provocan que los niños depongan sus “salvajes” actitudes y aprendan a “portarse bien”, como niños buenos y obedientes y, por supuesto, como quieren sus padres.
Desde mi experiencia como psicólogo especializado en violencia infantil, creo que se hace necesario explicar los efectos que causan en las criaturas los métodos conductistas de adiestramiento aplicados por Supernanny en sus programas. Aunque estas técnicas funcionen (durante un breve lapso de tiempo) y consigan que los niños obedezcan, no considero ético su uso como procedimiento terapéutico, tanto por su falta de respeto a las particularidades de la infancia, como por la idea implícita que conllevan de control y manipulación del adulto sobre el niño.
En esta serie de artículos pretendo explicar los efectos a medio y largo plazo sobre los niños de este tipo de técnicas de control de la conducta. Ofreceré, además, alternativas educativas mucho más sanas y respetuosas con la infancia.
Actitudes con las que no estoy de acuerdo.
En este primer capítulo quiero explicar mi desacuerdo con la filosofía general del programa y con algunas actitudes, extremadamente directivas e irrespetuosas con los niños que se repiten en el mismo. Para ello, me basaré en ejemplos del propio programa (de esta temporada y de ediciones anteriores).

El programa es parcial. Siempre se posiciona del lado de los padres y en contra de los niños: los padres son víctimas y los niños sus verdugos.
Durante toda la emisión, el programa rezuma desdén hacia a la infancia, situando al adulto en una posición de poder y superioridad moral, frente al enemigo común, el niño. Esta parcialidad se refuerza con los comentarios del narrador, la actitud de la psicóloga e incluso con el título de cada uno de los programas.


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