7/12/12

SUPERMERCADOS DE PAPÁS. Reflexiones de una buena vida.


La imagen es bizarra, pero interiormente vivimos como si tales supermercados existieran. Con muy largos y muy altos pasillos, de esos que nos convierten en minúsculos empujadores de carritos en nuestra audaz búsqueda de esos padres que tanto nos merecemos y que no hemos tenido – con un repertorio interminable de fantásticos complementos, todos ellos en catálogo, disponibles bajo pedido.


¿Qué tiene que hacer un padre para ser padre?
La pregunta no tiene trampa, y el grupo de los miércoles se ha convertido en un fantástico laboratorio de ideas. Me siento tremendamente afortunado de estar facilitando y aprendiendo tanto de este grupo. Pues bien, un padre… “Un padre debe estar ahí, apoyándote”, “Debe quererte, darte cariño”, “Tiene que ponerte límites, educarte, prepararte para la vida”. La lista de deberes de los padres es más o menos densa y exigente dependiendo de cada participante. “Un padre debe ser grande y fuerte como un mástil, un punto de referencia que se vea en la distancia, que te indique el camino, que te acoja y te sostenga, que te ame incondicionalmente, duro y tierno a la misma vez…” Muy interesante, y repito la pregunta: ¿Qué tiene que hacer un padre para ser padre? Las respuestas se suceden en la misma línea, más refinadas algunas, más sintéticas otras. Así que una tercera vez pregunto qué tiene que hacer un padre para ser padre, y ahora sí, uno de los participantes va al grano:
“Para ser padre un hombre tiene que acostarse con una mujer, y viceversa. Bueno, y que suene la campana y haya fecundación.”
Ahí está. Es tan obvio que ha costado mucho dar con ello. Para ser padre hay que tener sexo. Tal vez hacer el amor, tal vez desear un hijo. Tal vez estar nueve meses embarazada y parir. Tener catorce o cincuenta años, estar casado o no, quedarse con la madre – o con el padre - o marcharse y no volver a aparecer nunca. Mirar al hijo, abrazarlo, golpearlo arbitrariamente cada vez que la ira y el alcohol se desbocan, enseñarle a hablar, a andar, costearle un máster universitario en Berkeley, California. Hellinger lo ha dicho en varias ocasiones: ser padre no es una condición moral, es un hecho. Se es padre porque se ha tenido sexo con la madre, y viceversa, y punto.
Aparte de la vida, que viene de ese acontecimiento más o menos fortuito o procurado, todo lo demás que los padres le dan a uno se lo dan por añadidura. La vida misma es un regalo, así también todo lo que viene después: lo tomas o lo dejas. Es absolutamente cierto que como niños necesitamos amor, apoyo, abrazos, límites, orden, protección. Como niños necesitamos unos padres tal como se los describía dos párrafos más arriba. Pero si estamos leyendo esto o participando en los talleres de Una Buena Vida es porque seguramente ya no somos niños, y en tal caso podemos decir que ya ha llegado el momento de dejar de reprocharle cosas a nuestros padres y buscar por nosotros mismos aquellas cosas que aún necesitamos.

Los padres nos han dado lo que han tenido; lo que no han tenido no nos lo han podido dar. El poco o mucho amor que sentían por sí mismos nos lo han dado; la comprensión, la violencia y la misericordia que tenían consigo mismos también la ejercieron con nosotros. No es menos cierto que se puede pasar toda una vida pidiéndole peras a un olmo, con resultados predecibles. ¿Qué tiene que hacer un padre para ser “buen padre”? Los deberes de los padres para ser “buenos padres” son infinitos, caprichosos y nacen del reproche de hijos ingratos. No hay supermercados de padres. No los hay.
“Gracias mamá, gracias papá, por la vida, y por todo lo demás que me habéis dado. Lo que no me habéis dado me lo procuraré yo por mi cuenta.” Invito al lector a recogerse, cerrar los ojos y visualizar frente a sí a sus padres, y a decirles estas palabras, por lo demás bastante frecuentes en el trabajo de constelaciones familiares.
Y por último le invito a otra reflexión, que también apareció en el taller de los miércoles, a modo de pregunta: ¿Qué es lo crucial para tener una buena vida, sentir que los padres lo quieren a uno, o encontrar el amor que se siente por los propios padres? Me encantará saber qué opináis al respecto.
Un abrazo, y buena vida!

Fuente:
Javier Ayala Tomás
Terapeuta de Constelaciones Familiares
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