El lunes pasado, día 2 de febrero, se estrenó la serie Esencia eterna, creada por Brossa Leyton Films, y hoy me apetece escribir sobre ella desde un lugar muy personal. No solo porque es una serie que invita a cuestionar la realidad en la que vivimos, sino porque en este proyecto tenemos el placer de participar toda la familia Ortega:
Agnès Ortega, Jacob Llopis y Marta Llopis.
Hay algo muy especial en poder compartir procesos creativos en familia. No siempre ocurre, y cuando pasa, deja una huella distinta, más profunda.
En el primer capítulo puede que nuestra presencia pase casi desapercibida si no lo sabes. Yo aparezco apenas unos segundos, abrazando a Jacob, haciendo de su madre. Jacob interpreta el recuerdo infantil del protagonista, Juan Palomo. Marta, aunque todavía no aparece en escena, sí forma parte del universo de la serie: interpreta a la amiga imaginaria del protagonista y aparecerá más adelante. De momento, ya figura en los créditos.
Aprovecho también para aclarar un pequeño detalle que algunas personas ya han notado con cariño y atención: en los créditos del primer capítulo, Jacob aparece por error como “Jaco Rodríguez”. Un fallo puntual que ya ha sido subsanado y corregido en los siguientes episodios. Cosas que pasan en los procesos creativos, especialmente en proyectos vivos, en movimiento.
Una serie que invita a cuestionar
Esencia eterna no es una serie convencional. Habla del despertar de la conciencia, de la sensación de vivir dentro de una Matrix moderna, de cómo muchas veces estamos anestesiados por una realidad construida, dirigida, diseñada por intereses que rara vez nos preguntan si estamos de acuerdo.
Lo interesante es que lo hace desde un lugar particular:
con humor, con momentos densos e intensos, con una narrativa que a ratos incomoda y a ratos hace reír, pero que en ningún momento deja indiferente. No es una serie ligera, pero tampoco pretende serlo. Es una invitación a mirar un poco más allá.
El rodaje: Carrícola y la memoria del proceso
Este proyecto lo rodamos hace dos años y tres meses, en el pueblo de Carrícola, un lugar que ya de por sí tiene algo especial. Fueron un par de días de rodaje intensos, como lo son casi todos: largos, agotadores, llenos de esperas, repeticiones, ajustes… y aun así, profundamente divertidos y enriquecedores.
Porque el cansancio no quita la pasión.
Y colaborar en proyectos de diferente estilo, diferente presupuesto y diferente mirada forma parte de lo que somos y de cómo entendemos la creación.
Dar luz a lo que fue creado
Hoy, ver este trabajo estrenado, compartido y disponible para quien quiera verlo, me genera una sensación muy clara: agradecimiento.
Agradecimiento por poder dar luz a trabajos que se hicieron hace tiempo, por verlos salir al mundo, por recordar esos días de rodaje y confirmar que todo proceso creativo tiene su momento.
Aquí comparto algunas imágenes en las que aparecemos y también el enlace para que puedas ver la serie, ya disponible en YouTube, y seguir los próximos capítulos si te apetece.
Porque al final, de eso va también la vida:
de crear, de compartir, de despertar…
y de agradecer poder hacerlo.








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