27/5/26

Trauma: volver al Festival de Alicante y sentir que las historias siguen encontrando su lugar

 Ayer 26 de mayo fue uno de esos días que una guarda dentro. De esos momentos que, aunque duren unas horas, te recuerdan por qué sigues creando, por qué sigues grabando historias aunque el cansancio exista, aunque el tiempo no llegue a todo y aunque muchas veces el cine independiente se sostenga únicamente con pasión, ganas y muchísimo esfuerzo.



Trauma se proyectó en la sala Kinepolis Alicante dentro del Festival de Cine de Alicante y, además, se convirtió en la primera selección oficial del cortometraje. Solo escribir esto ya me hace sonreír.

Volver a una gran pantalla siempre impresiona. Ver un trabajo que nació desde una idea pequeña, íntima y emocional proyectado delante de público tiene algo difícil de explicar. El cine cambia cuando se comparte. Las escenas se sienten distintas, los silencios pesan más y las miradas del público también hablan.

Trauma nace de una reflexión muy humana: cómo determinadas experiencias pueden ir dejando heridas dentro de una persona hasta transformar completamente su manera de relacionarse con el mundo.

La protagonista, Ana, vive diferentes altercados a lo largo de su vida, con personas y edades distintas, y todo eso termina generando un miedo profundo hacia la gente en general. Ese estado de alerta constante, esa sensación de desconfianza y fragilidad emocional, era algo que me apetecía explorar desde un lugar sencillo, directo y emocional.

No buscaba grandes artificios. Buscaba transmitir sensación. Incomodidad. Vulnerabilidad. Esa emoción silenciosa que muchas veces no se explica con palabras pero sí con gestos, silencios y miradas.

El reparto ha sido parte fundamental de este proyecto:

Agnès Ortega, Adam Enrique, Marta Llopis, Alicia Senabre, Jacob Llopis y Bella. Cada una de las personas implicadas aportó algo importante para construir esta historia y darle verdad.

También quiero agradecer la música y recursos sonoros utilizados para acompañar la pieza y ayudar a generar esa atmósfera emocional y psicológica que necesitaba el corto.

Pero si algo me emocionó especialmente ayer fue el momento posterior a la proyección. Varias personas se acercaron para darme la enhorabuena, comentar el contenido del corto y compartir sus sensaciones. Y eso, sinceramente, es de las cosas más bonitas que pueden pasar cuando haces cine.

Porque al final no se trata solo de proyectar una pieza audiovisual. Se trata de generar algo en quien la mira. Que remueva, que haga pensar, que conecte o incluso que incomode. Pero que deje huella.

Muchas veces hacer cine independiente parece una locura. Hay poco presupuesto, mucho trabajo detrás y una cantidad enorme de horas invisibles que nadie ve. Pero momentos como el de ayer hacen que todo cobre sentido.

Quiero agradecer especialmente a Vicente, presidente del festival, y a toda la organización por volver a brindarme la oportunidad de mostrar mi trabajo en este espacio. Apostar por creadoras y creadores independientes también es apostar por historias diferentes, por miradas personales y por nuevas formas de contar.

Y sí, salí del cine con una sensación muy clara dentro: más ganas de seguir creando.

Más ganas de seguir escribiendo.

Más ganas de seguir dirigiendo.

Más ganas de atreverme quizá con un cortometraje más largo… o incluso con una película.

Porque al final una historia siempre lleva a otra.

Y mientras existan ganas de contar, seguiremos creando.

Pronto llegará también el estreno digital de Trauma para que pueda verla mucha más gente. Y ojalá siga encontrando personas con las que conectar.

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