Hace un mes, exactamente el 1 de mayo, cuando volvía de un paseo matutino con una amiga y sus perritas (Vera y Chispa), junto a mi hija y mi hijo; me encontré con mi pareja. Él estaba sentado en el suelo, una posición extraña. Hacía como una hora que se había marchado de forma sospechosa de casa, y ahora ahí estaba sentado aguardando alguna cosa misteriosa. Y mi hija fu rápidamente a preguntarle que dónde se había marchado... y durante unas cuantas preguntas de forma inmediata y a la par que nos encontrábamos apareció un pequeño perrito detrás de él. ¡Ohhhhhh! ¡vaya! Un perritín... ¡Qué ilusión me hizo en el momento! Aunque mi expresión no fue alocada, ni de gran euforia... pues algo me temía y así pude estar presente y no perderme en mi desequilibrio. Me explico. Ya hacía más de un año que andaba con la idea de tener un perro. Me daba absolutamente igual qué tipo de perro, qué tamaño y demás. Esto lo asoció a que Jacob mi hijo pequeño cumplió los tres años y alzó el vuelo de bebé a infante. Es un cambio brusco que fue acompañado en mi ser por nostalgia, vacío y quizás la sensación de desvalorización. ¡Qué suerte la mía de comprender y ser consciente de que es un cambio que tuve que aceptar! ¡Si no hubiese cometido una locura (otra criatura, otro coche, mudarme...)! Y esto quiero explicarlo porque entiendo en mí que no hace falta hacer algo extraordinario para cuando hay un cambio y así poco a poco acepté la evolución de mi hijo y poco a poco se introdujo en mí la idea de tener un perrito, que es muy diferente a un gato (gato también tengo :P).
Ha sido hace un mes que vino a mi hogar este chiquitín. Agradezco el ser que acaba de venir a convivir en mi familia. Agradezco la oportunidad de experimentar esta etapa sin perderme hacia afuera. Me escucho y siento que me agrada la idea de tener que estar atendiendo una criatura que lo necesita. Y tengo que confesar que me encanta cuando mueve su rabito para mostrar alegría cuando le llamo.

Le encanta que le toquen, que le mimen, que jueguen y le tengamos en cuenta... vaya ¿cómo puede ser esto? Pues es así es otro ser, y quizás un poco más retorcido un ser espejo que muestra aquello que quiero en mí y lo muestro en el exterior.
Estoy satisfecha de que sea capaz de verme en mí y ver que estoy preparada para seguir con los cambios y poder asumir mi experiencia en un ritmo danzante. Mi experiencia de vida en cada momento me brinda la oportunidad de seguir sorprendiéndome en la tierra. Y es así que sigo con mi camino y expandiéndome por doquier.