Diario
de un parto
20-4-09 las 23.00: Me despierto de una gran susto, un
gran calor invade todo mi cuerpo acompañado de un dolor muy extraño.
Me levanto y voy al aseo pensando que tengo ganas de hacer aguas
menores. Vuelvo a la cama y al cabo de uno 10 minutos de nuevo el
golpe de calor junto con un dolor en forma de montaña rusa subiendo
una gran cuesta.
Estos dolores no cesan, los intervalos de dolor,
es decir, las contracciones aparecían en un intervalo de tiempo de 5
a 8 minutos. Yo no quise asustarme, pero ya sabía que es lo que
quería decir esos dolores, me había puesto de parto. No desperté a
mi pareja, porque sabía que podía estar tranquilo durmiendo hasta
que decidiese marcharme al hospital.
21-4-09 la 1.00: Mi
pareja se despertó y me encontró sentada en el sofá del
comedor-salón leyendo. Su asombro fue tal que se descompuso,
sabiendo que es lo que estaba por llegar. Yo le expliqué que como
podía estar perfectamente 10 horas con dolores, pues veía
conveniente que descansase, ya que la noche iba a ser muy
larga.
21-4-09 las 4.00: Me doy un baño relajante.
21-4-09
las 6.30: Decidimos marcharnos al hospital, ahora los dolores son
entre intervalos de 5 minutos. Cuando llegamos al hospital me dicen
que ya estoy dilata de 7 cm. Mi pareja y yo contentos de haber
adelantado mucho trabajo relajaditos en casa. Pero es a partir de
ahora cuando no cambian las cosas y parece que se complican un
poquito.
21-4-09 las 12.30:Después de haberme roto la bolsa y de
haberme puesto oxitocina (compuesto sintético para acelerar el
proceso de las contracciones y regularlas), es cuando ya se dan
cuenta de que la niña no puede salir por medios naturales, ya que
viene de cara. Así que deciden llevarme a quirófano para hacerme
una cesárea.
21-4-09 la 13.30 La niña nace sana y gorda.
Estas
palabras fueron las que escribí unos días después de tener a mi
primera hija. Intenté recordar detalles que para mi en aquel momento
eran importante, pero después de 6 años sigo teniendo una cicatriz
en mi abdomen. Una cicatriz que sigue doliendo en el recuerdo. Se que
con el tiempo los recuerdos se van transformando y difuminando
acabando siendo de otra forma. Aún así tengo que escribir mi
sensación de aquel día, ahora me siento segura y preparada para
soltar la carga emocional.
Cuando
la matrona llamó a la ginecóloga y le estuvo preguntado,
concluyeron que era hora de hacer la cesárea. Yo las miraba allí
tumbada en la cama entre los dolores de las contracciones, con la
mirada de víctima, delegando en los profesionales los pasos a
seguir. Mi pareja me miraba y en sus ojos veía que él no podía
hacer nada, sabía que mi actitud debía ser amistosa para que mi
bebita no sufriera así que acepte la decisión de la ginecóloga y
de la matrona. Me van a hacer la CESÁREA... pensé que así ya se
acabaría pronto el dolor y podría ver ya a mi niñita :D
Con
esto intenté creerme que yo no podía hacer nada más que obedecer y
callar, así todo acabaría pronto y ya esta. Pero el poco tiempo que
estuve en quirófano no alcanzaría la hora lo recuerdo como algo
bastante angustioso y muy sola. Recuerdo que me sentaron en la
camilla de operaciones para ponerme la anestesia, como seguía
teniendo los dolores de las contracciones me movía y me repetían
que debía estar quieta para poder pincharme, así que aguanté con
todas mis fuerzas estar quieta, y sentí mucha tristeza... me di
cuenta que eso ya no era nada natural, yo necesitaba moverme...
reconozco que ese pinchazo dolió mucho... Hubiese gritado muy fuerte
si mi miedo no me hubiese paralizado :O. Tan pronto me pincharon me
acostaron y seguía sintiendo los dolores y moviéndome... no se
cuanta gente había allí dentro, para mi eran muchas manos y muchas
mascarillas... no reconocía a nadie, las voces no eran familiares,
nada era cálido... Me sujetaron el cuerpo... deduzco que me ataron
el cuerpo para poder operar y sacar a mi niña. Lo que después
también pude observar es que mis brazos en forma de cruz también
estaban atados. Ahora aunque tuvises voluntad de moverme ya me era
imposible, ya mis movimientos no molestarían a nadie... Ya no serían
un obstáculo para nadie. Así que allí con una tela delante de mi
tapando mi abdomen, gente alrededor hablando de lo que fuese, no lo
recuero... pero por las fechas seguro que de fiestas de moros y
cristianos. Algo poco humano y cercano a mi... Pero es un
poco el enfado que recuerdo alrededor del trato... Luego lo explico.
Pues
bien con el panorama de sola, esperando a que me cortasen la barriga
y sin poder hacer nada escuche un llanto... Mi hija acababa de salir
por mi barriga. La ginecóloga me la acercó sujetándola del pie
para que la pudiese ver. Al verla me dio mucha alegría, pude
balbucear que parecía un croissant de lo gordita que se le veía.
Fueron unos segundo el verla, se la llevaron para hacer la rutina de
pesarla, limpiarla y demás... No paraba de llorar y yo sólo deseaba
poder tenerla entre mis brazos y poder acariciarla, besarla, tocarla,
consolarla, olerla, mirarla, sentirla, abrazarla, mimarla, darle el
pecho...9 meses esperando verla y tenerla entre mis brazos y ahora es
lo que más deseaba, tenerla.
El
llanto desgarrador de mi niña seguía... parecía que no obtenía
consuelo, se sentiría solita sin su mami, que pena tan grande me
invadió, no podía compensarla todavía. Una persona me acercó a mi
hija después de haberla envuelto en una mantita. Me la acercó a la
cara donde sólo pude darle besos, me miraba a los brazos y seguía
atados, con lo cual no podía tocarla, un dolor muy grande sentí en
el pecho, gran tristeza... Tenía que conformarme con darle besos
mientras ella seguía llorando. Le supliqué a la persona que
sujetaba a mi hija que se la enseñase a su padre que estaría fuera
esperando. Ella me dijo que era la matrona y sabía quien era el
padre, yo atónita de no reconocerla, pues con gorro y máscara era
difícil, y claro supongo que el oxígeno que me estaban poniendo me
dejaba atontada. Se la llevó. Conmigo acabaron y me llevaron a una
sala que se denomina “sala de despertar”, que es donde me dejaron
durante hora y media hasta que notase algún dedo del pie. Mientras
yo despertaba mi hija en la planta de neonatos, solita en una cuna,
pues todos estaban esperando a que yo saliese del despertar.
Que
angustia siento al recordar que tuve que esta allí sola durante una
hora y media sin poder hacer el papel que me tocaba de madre... ¿por
qué no podía estar en compañía junto a mi bebé? Empecé a
concentrarme en despertar cuanto antes, allí estaba perdiendo el
tiempo de estar mi hija. Fue una espera eterna, viendo como una mujer
muy mayor acababan de operarla, parecía moribunda allí al lado
mío... y las chicas que en la sala estaban no paraban de hablar de
fiestas de moros y cristianos. Que tenían ganas de acabar el turno
pues les esperaba una tarde de fiesta. Y blablabla... hora y media de
conversaciones que no tenían nada que ver con lo que me acababa de
suceder... Se supone que algo maravilloso acababa de ocurrir, un
nacimiento de una niña hermosa, de una dulce criatura que me estaba
esperando con ansia, yo la esperaba a ella también con mucha ansia,
con mucha ilusión de conocernos, de enamorarnos... de SENTIRNOS... y
allí hablando de fiestas... puaj... que frialdad, que superficial,
que poca humanidad, que dolor y tristeza ser insignificante cuando la
herida estaba tan tierna en mi abdomen. Y seguro que mi niña seguía
llorando desconsoladamente sola... las dos separadas injustamente,
rompiéndonos emocionalmente, viviendo una angustia, … Esto en
sanidad donde está contemplado, donde se contempla emocionalmente a
las personas??? esta claro que en los protocolos de actuación NO. No
me sentí cuidada, acompañada, respetada, segura, supongo que al
igual que mi hija... El papel protocolario no me aceptó como
persona... me sentí como un producto de supermercardo, algo
mecánico...
Una
gran bola de angustia, tristeza y dolor sigo sintiendo en el pecho al
recordar la situación. Cada 21 de abril celebro el nacimiento de mi
hija, y de forma sumisa y en la sombra un dolor me abruma. Este año
he tomado conciencia de mi sombra, del dolor, de la tristeza, de la
angustia... Y veo que la herida no está sanada...
Cuando
sentí un dedo del pie rápidamente lo comuniqué, podía moverlo...
Me trasladaron a una habitación en la planta de maternidad. Yo le
decía a mi pareja que traigan a nuestra hija, que la traigan ya.
Escuché un llanto desgarrador por el pasillo, entre risas (pues
entones tuve que aguantar la tristeza y el dolor) dije que era mi
niña, que ese llanto para mi era una clave de reconocimiento. Cuando
la entraron estaba en una cuna... allí solita sin que nadie la
sostuviese en brazos dándole calorcito humano... La cogí tan
pronto, la habitación llena de gente, todos las querían coger y yo
reclamé que tenía que darle de mamar cuanto antes... En mis brazos
encontró por fin consuelo, se engancho a mi pecho y se durmió <3 font="">
A
día de hoy si echo la vista atrás siento un gran abandono en ese
día, siento que abandoné a mi hija, y veo que no reclamé a los
sanitarios ayuda para cambiar la situación. Hoy quiero poder
reescribir mi sensación reconvertir aquello que sentí para poder
celebrar cada año una llegada de alegría e ilusión. Lo que me
propongo es aceptar que no me gustó que me hiciesen la cesárea,
aceptar que fue la herramienta necesaria para que mi hija no
sufriese. Y en la medida que pueda ir asimilando que ella estuvo con
mucho miedo y sufrimiento emocional durante el espacio de
separación. Voy a ir aceptando la situación. También tengo que
aceptar que mi miedo al rechazo estuvo presente en mi. Y por la parte
burocrática y de papeleo voy a poner una reclamación y registrarla
para que quede constancia que el dolor sigue estando en mi. Que se
enteren de que los protocolos que tienen no se acercan a la
humanización y que se podrían hacer las cosas de otra forma para
poder tener en cuenta y beneficiar a las futuras madres
emocionalmente.